domingo, 12 de mayo de 2019

Meritocracia: ese mito moderno.

Por definición, el término 'Meritocracia' suena positivo, casi atrayente. Nos habla de un sistema de progreso basado en el mérito personal, el cuál nos conduciría ineludiblemente al éxito. Sin embargo el término, en primera instancia, fue acuñado de modo satírico por el sociólogo Michael Young en su libro 'The rise of Meritocracy', donde describe un futuro distópico en el que el Estado valoraba la aptitud y la inteligencia por encima de todo, seleccionando a los miembros de la élite y olvidando al resto. De este modo, y bajo esta mirada, aquellos que respetan la formula de 'inteligencia+esfuerzo=éxito en la vida' logran avanzar entre 'los más débiles' y así formar parte de una élite que les permite distinguirse del resto, y abordar las problemáticas sociales ya desde esta asumida postura. Como analogía, podemos usar el 'Juego de la vida': Se empieza desde abajo. El recorrido supone mover casilleros que nos llevan a ser profesionales exitosos, o un mero esclavo de un trabajo común, que no supone mayores cosechas de fortunas que los hijos. Ambos se esfuerzan. El recorrido termina feliz y opulento para aquellos que sí se esforzaron, y un tanto mediocre para quienes no lograron acceder a esa vida maravillosamente merecida. Mismos esfuerzos, diferentes resultados. Sensaciones de impotencia. Por que el sistema capitalista, se nutre de mitos como este. Está conectado a sus venas. Y no hay nada de malo en el éxito, y el el progreso...dependiendo quién lo evalúe. Según Barthes, existen mitos que 'no son para uno'. La meritocracia sería uno de ellos. Es una idea que circula, que penetra y condena. El Premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, en su libro “El Precio de la Desigualdad“, critica de modo categórico la mentira de la meritocracia, señalando que 'el 90% de los que nacen pobres mueren pobres por más esfuerzo o mérito que hagan, mientras que el 90% de los que nacen ricos mueren ricos, independientemente de que hagan o no mérito para ello'. Naturaliza con cierto consenso colectivo que 'la pobreza es una condición merecida', otro mito extremadamente riesgoso con un precio altísimo a pagar: el de la desigualdad.
En la construcción de la valores, deberíamos replantearnos miradas más profundas, que se animen a desmenuzar mitos como éstos. No olvidemos lo peligroso de la sumisión ante ellos, sobre todo en la juventud que está armando su idea del mundo.

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